Caja para Dientes

Cuando la mágia invade nuestras vidas, ésta nos hace flotar sin levantar ni un centímetro del suelo. Ésta es la sensación que tenemos cada uno de nosotros cuando somos niños y se nos caen nuestros dientes de leche. Y soñamos con que el Ratón Pérez venga a dejarnos un regalo cuando dejamos el diente debajo de la almohada al acostarnos. Pero, ¿qué ocurre después de esto? ¿Dónde guardamos nuestros dientes? Para ello necesitamos una Caja para Dientes. De esta forma ordenaremos todas las piezas dentales de los más pequeños de la casa y las tendremos bien ordenadas.

Dónde conseguir la mejor Caja para Dientes

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El Ratón Pérez buscará tu Caja para Dientes

Ten por seguro que el Ratón Pérez no parará hasta dar con tu tesoro. Tener todos tus dientes bien ordenados dentro de una Caja para Dientes le ayudará al Ratoncito Pérez a ver qué tipo de pieza dental se te ha caído. Es más, todos ellos los tendrás bien ordenados por tipo. Así sabrás cuáles son y dónde se sitúan los dientes incisivos, los caninos, los molares y los premolares.

Además de tener tus dientes bien ordenados por tipo, también es importante que dentro de la Caja de Dientes aparezcan datos como tu nombre, tus apellidos, la fecha de nacimiento, tu horóscopo, el lugar de nacimiento, el grupo sanguíneo o la altura de nacimiento. Recuerda que el Ratón Pérez tiene mucho trabajo y una de las cosas que más agradece es que se lo facilitemos todo lo que podamos. Por eso es tan importante disponer de una Caja para Dientes cuando eres bebé.

Aprende a limpiar los dientes antes de guardarlos en tu Caja para Dientes

Debido a que los dientes están adheridos a los tejidos blandos en la boca, cuando alguna de nuestras piezas se cae, algunos tejidos blandos se vienen con él. Estos tejidos, son elementos vivos que se mueren y pudren. Y, como suele suceder con este proceso natural, provoca mal olor en el diente. El Ratón Pérez no suele ir con máscaras de gas ni nada parecido. Por tanto, debemos eliinar muy bien todos esos elementos que arrastra el diente y desinfectar nuestro pequeño diente.

La forma de actuar es sencilla. Debemos mantener el diente un par de días en un vaso con agua y lejía. La dosificación debe ser, más o menos, 1/3 de lejía y 2/3 de agua. Y con sólo ese pequeño acto evitaremos que el diente desprenda olor. Además, conseguiremos un diente mucho más blanco y que nos durará muchos años.